Promotores e inmobiliarias acusan a la banca de competencia desleal

Aunque en la mayoría de los casos se mantiene el anonimato, los promotores e inmobiliarias acusan a las entidades financieras de quitarles a sus clientes cuando éstos solicitan una hipoteca y exigen al ministro de Fomento, José Blanco, medidas urgentes que permitan regularizar el sector. En Hasta la fecha y desde que comenzó la crisis son 20.000 agencias inmobiliarias las que han cerrado y más de 100.000 los empleos destruidos.

En declaraciones a El Economista, Juan Manuel Martínez, vicepresidente de la Asociación Empresarial de Gestión Inmobiliaria (AEGI) afirma que “se trata claramente de un caso de competencia desleal que está agravando aún más la crisis que sufrimos”. Hasta este momento, sus denuncias han caído en saco rato y, según Martínez, “el Gobierno no está haciendo nada para evitarlo. Es hora de que se tomen medidas serias”.

La secuencia de los hechos es siempre la misma y la banca deniega créditos a los ciudadanos pero, acto seguido, les ofrece financiación para la compra de viviendas que tienen en cartera procedentes en su gran mayoría de embargos.

El Economista pone un ejemplo: una pareja acude junto a un agente inmobiliario o un promotor a una entidad bancaria con el objetivo de negociar una hipoteca para la compra de un piso. Los dos trabajan y tienen ahorrado más del 33 por ciento del total que se les pide, pero la operación es denegada para disgusto de la pareja y, por supuesto, del agente intermediario.

Sin embargo, poco después esta misma pareja recibe una llamada de esta entidad ofreciéndole financiar al cien por ciento y con hipotecas a más de 40 años, aunque su renta sigue siendo la misma que días antes.
Código de buenas prácticas

Según AEGI, estas prácticas les han hecho perder al menos un 60% de los potenciales compradores que tienen en cartera. “No entendemos que se nos vea como enemigos cuando no dejamos de ser meros intermediarios que les aportan clientes”, insiste el vicepresidente de la patronal.

El “pataleo”, como dice un agente de la propiedad inmobiliaria (API) a El Economista es justo. “Nuestros honorarios no son sólo por acompañar al cliente al banco, sino que son el resultado de horas de trabajo, de estar a pie de calle para conocer de primera mano el producto que ofrecemos y garantizar la compra a los ciudadanos. Todo eso también cuenta”. Tanto como el hecho de que las entidades financieras cobran más caras las hipotecas de viviendas que no son suyas.

Los expertos insisten que con el objetivo de deshacerse del ladrillo acumulado que pesa sobre sus balances, el coste de la hipoteca de un piso financiado en la entidad puede llegar a ser hasta un 30% más barato. “Y los clientes no lo dudan, sobre todo en estos momentos de crisis. Y de nuevo será demasiado tarde”, indica.

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