Con el calor aumentan los casos de siniestralidad laboral

Aunque en líneas generales el índice de siniestralidad laboral en España ha bajado un 15,3 por ciento en el mes de abril de 2009 respecto al mismo periodo del año anterior, según datos del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, la llegada del calor puede tener terribles consecuencias para quienes se ven obligados a trabajar de sol a sol, según un reportaje publicado en la revista Consejos de Tu Farmacéutico. El INSHT, advierte  de la importancia de protegerse adecuadamente de los efectos nocivos que las altas temperaturas pueden tener para determinados colectivos como el de la construcción.

Por ello, la salud y la seguridad en el trabajo pasan irremediablemente por la toma de medidas frente a las elevadas temperaturas del verano, tanto por parte de los trabajadores como de los empresarios. Entre las profesiones más vulnerables al calor están las que se integran dentro del sector de la construcción, cuyos trabajadores se encuentran sometidos a situaciones de estrés térmico por las altas temperaturas que, de no tener bajo control, pueden conducir a accidentes laborales, agravar dolencias previas (enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, cutaneas, diabetes, etc.) o producir las llamadas enfermedades relacionadas con el calor, algunas de las cuales, como el golpe de calor, pueden provocar incluso la muerte si no se actúa a tiempo.

Asimismo, el Ministerio de Sanidad y Consumo, en el marco de su Campaña 2009 cuyo lema es “Combatir el Calor está en tus manos”, cuyo objetivo es la prevención de los efectos negativos que el calor excesivo tiene sobre la salud de los ciudadanos, dedica un capítulo especial a los colectivos más vulnerables, entre los que se encuentra el sector de la construcción, cuyas recomendaciones han sido elaboradas de manera conjunta con la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y el Observatorio de la Construcción (SEOPAN). 

Crónica de un accidente anunciado
El estrés térmico por calor es la carga de calor que los trabajadores reciben y acumulan en su cuerpo y que resulta de la interacción entre las condiciones ambientales del lugar donde trabajan, la actividad física que realizan y la ropa que llevan. Al trabajar en condiciones de estrés térmico, el cuerpo del individuo se altera y sufre una sobrecarga
fisiológica, debido a que al aumentar su temperatura, los mecanismos fisiológicos de pérdida de calor (sudoración y vasodilatación periférica, fundamentalmente) tratan de eliminar el exceso de calor y ponen en marcha los mecanismos de termorregulación del propio cuerpo (termorregulación fisiológica): los trabajadores empiezan a sudar (al evaporarse el sudor de la piel, ésta se enfría) y, además, aumenta el flujo de la sangre hacia la piel (vasodilatación periférica) para llevar el calor del interior del cuerpo a su superficie y que desde allí pueda ser expulsado al exterior. Si el estrés térmico es importante o, no siéndolo tanto, los trabajadores continúan trabajando durante mucho tiempo seguido sin hacer descansos, llega un momento en que tienen tanto calor que no pueden trabajar bien. Se muestran incómodos, apáticos, y con la capacidad de percepción, atención y memoria disminuidas. En este estado, la probabilidad de que ocurran accidentes de trabajo aumenta considerablemente, sin contar con que en los trabajadores que tengan alguna enfermedad crónica, puede producirse un agravamiento de la misma. Si continúan esas condiciones de calor y los trabajadores siguen trabajando y acumulando calor, llegará un momento en que se producirán diversos daños, incluidos en las llamadas enfermedades relacionadas con el calor, cuya gravedad es proporcional a la cantidad de calor acumulado. De ellas la más grave es el golpe de calor, que en muchas ocasiones puede provocar la muerte. Otras complicaciones menores son los calambres musculares (en piernas, abdomen o brazos), que pueden producirse, sobre todo, si se suda mucho durante una actividad física intensa, o el agotamiento por calor, cuyos principales síntomas son debilidad, fatiga, mareos, náuseas, desmayo, etc.

El “temible” golpe de calor
En general, en verano aumentan las necesidades de hidratación para todo mundo, pero especialmente para las profesiones que se ejercen al aire libre. Según la doctora Carmen Gómez Candela, Jefa de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del H. La Paz y miembro del Consejo Científico Asesor del Observatorio de Hidratación y Salud (OHS) “debemos ser conscientes de los riesgos de la deshidratación, no podemos olvidar que la deshidratación es causa de ingreso hospitalario, durante todo el año y sobre todo en verano, y adoptar medidas para evitarla. No hay que olvidar que la deshidratación puede afectar de forma especialmente negativa a la función cerebral de los ancianos, ya que reducen su velocidad de procesamiento y el rendimiento de la memoria.
Uno de los mayores riesgos que puede generar un deficiente estado de hidratación es el llamado “golpe de calor”. Esta situación se produce por un fallo de los mecanismos de regulación de la temperatura corporal. La causa suele ser la exposición directa y prolongada al sol. La subida excesiva de la temperatura puede sobrepasar la capacidad de adaptación del cuerpo a la situación ambiental y hacer que desaparezca la sudoración, que es la forma que tiene el cuerpo de bajar la temperatura, por lo que se puede llegar alcanzar los 40 o 41 grados.

El golpe de calor suele empezar con signos físicos como piel seca y enrojecida, sensación de fatiga, sed intensa, calambres musculares, nauseas, vómitos, etc. y puede acabar en una pérdida de la conciencia. También se puede ver afectado el sistema circulatorio y el nervioso.

La importancia de hidratarse adecuadamente
Por otra parte, aunque cese el trabajo en condiciones de estrés térmico elevado y no se produzca una acumulación excesiva de calor en el cuerpo, en las llamadas profesiones de riesgo es doblemente importante la hidratación, ya que el calor puede acumular daños si no se repone el agua y los electrolitos (sales) perdidos al sudar.
Una correcta hidratación es fundamental para el buen funcionamiento del organismo. En el plano psíquico, la hidratación es vital para que la actividad mental se desarrolle correctamente. En el ámbito fisiológico, ayuda a eliminar toxinas, favorece el transporte de nutrientes, regula el funcionamiento de las células, previene el estreñimiento, contribuye al buen funcionamiento de los riñones y controla la temperatura corporal, entre otros aspectos.
Sin embargo, el 30% de la población española (14 millones de personas, entre ancianos, deportistas, embarazadas, niños, enfermos crónicos, trabajadores al aire libre, etc) está en situación de riesgo de padecer una pérdida del equilibrio hídrico o deshidratación. Tal y como se ha puesto de manifiesto en el Coloquio Hidratación y su papel en la salud: Situaciones de riesgo organizado por la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS) en colaboración con el Observatorio de Hidratación y Salud (OHS), no reponer los líquidos que se pierden puede provocar dolor de cabeza, mareos, vómitos, disminución del rendimiento físico y mental, fatiga, aumento del ritmo cardíaco, dificultad visual, pérdida de memoria, disminución de la atención, pérdida de habilidad aritmética e incremento del tiempo de respuesta ante estímulos visuales, etc. Cuanto mayor es la pérdida de líquido, los síntomas son de mayor entidad, llegando a provocar en los casos más graves delirio, inconsciencia e incluso la muerte.

En el área laboral, la deshidratación afecta al rendimiento, la productividad y la concentración del trabajador. Además, la ausencia de una correcta hidratación afecta a la coordinación motora, el tiempo de reacción y la discriminación perceptiva. Sin embargo, diversos estudios ponen de manifiesto que, en general, los españoles no están suficientemente concienciados de los riesgos que implica y, en consecuencia, no se hidratan adecuadamente.

Empresario
No te olvides de…

a. Informar y formar a los trabajadores sobre los riesgos, efectos y medidas preventivas. Adiestrarles en el reconocimiento de los primeros síntomas de las afecciones del calor en ellos mismos y en sus compañeros y en la aplicación de los primeros auxilios.
b. Cuidar de que todos los trabajadores estén aclimatados al calor de acuerdo con el esfuerzo fisico que vayan a realizar. Permitirles adaptar los ritmos de trabajo a su tolerancia al calor.
c. Disponer de sitios de descanso frescos, cubiertos o a la sombra, y permitir a los trabajadores descansar cuando lo necesiten y especialmente en cuanto se sientan mal.
d. Proporcionar agua fresca y aleccionar a los trabajadores para que la beban con frecuencia.
e. Modificar procesos de trabajo para eliminar o reducir la emisión de calor y humedad y el esfuerzo físico excesivo. Proporcionar ayuda mecánica para disminuir este último.
f. Reducir la temperatura en interiores favoreciendo la ventilación natural, usando ventiladores, aire acondicionado, etc.
g. Organizar el trabajo para reducir el tiempo o la intensidad de la exposición: establecer pausas fijas o mejor permitir las pausas según las necesidades de los trabajadores; adecuar los horarios de trabajo al calor del sol; disponer que las tareas de más esfuerzo se hagan en las horas de menos calor; establecer rotaciones de los trabajadores, etc.
h. Garantizar una vigilancia de la salud especifica a los trabajadores, ya que tienen problemas cardiovasculares, respiratorios, renales, diabetes, etc. son mas sensibles a los efectos del estrés térmico.
Otras medidas de carácter específico para los trabajos al aire libre son el fomento de medidas de tipo organizativo para reducir los riesgos, fomentar el uso de pantalones largos y camisa de manga larga, no ajustados, de tejidos ligeros y color claro, así como el uso de sombreros de ala ancha para que los trabajadores se protejan de la radiación térmica solar y también de la ultravioleta, que puede provocar canceres de piel.

Trabajador
No te olvides de…

a. Informar a tus superiores de si estáis aclimatado o no al calor; de si has tenido alguna vez problemas con el calor; de enfermedades crónicas que puedas padecer; de si estás tomando alguna medicación.
b. Adaptar el ritmo de trabajo a tu tolerancia al calor.
c. Descansar en lugares frescos cuando tengas mucho calor. Si te sientes mal, cesa la actividad y descansa en lugar fresco hasta que te recuperes, pues continuar trabajando puede ser muy peligroso. Evita conducir si no estás completamente recuperado.
d. Beber agua con frecuencia durante el trabajo aunque no tengas sed. También es preciso seguir bebiendo agua cuando estés fuera del trabajo.
e. Evitar comer mucho y las comidas grasientas; comer fruta, verduras; tomar sal con las comidas.
f. No tomar alcohol (cerveza, vino etc.) ni drogas. Evitar bebidas con cafeína (café, refrescos de cola, etc.) y también las bebidas muy azucaradas.
g. Ir bien descansado al trabajo. Ducharte y refrescarte al finalizar el trabajo.
h. Usar ropa de verano, suelta, de tejidos frescos (algodón y lino) y colores claros que reflejen el calor radiante. Proteger la cabeza del sol (mejor con sombreros de ala ancha) y utiliza un protector solar con un alto índice de protección.

Atento a las variables del clima
Conviene estar atentos a las previsiones meteorológicas para planificar el trabajo diario y adoptar las medidas preventivas adecuadas. Además de la temperatura del aire, deben tenerse en cuenta la humedad del aire (el riesgo aumenta al aumentar la humedad del aire) y la radiación solar (si el día es despejado, aumenta el riesgo). Los valores de temperatura a partir de los cuales los riesgos pueden ser inaceptables dependerán de si el trabajo es ligero (temperaturas más altas), moderado (temperaturas más bajas que en el caso de los ligeros) o pesado (temperaturas todavía más bajas).
Para trabajos de tipo moderado, como los que frecuentemente se hacen en construcción y agricultura, los riesgos debidos al estrés térmico por calor pueden ser importantes, en un día cubierto y con una humedad relativa (HR) del 30%, cuando la temperatura alcanza los 33º C. Cada aumento de la HR del 10%, produce un riesgo comparable a un aumento de la temperatura de entre 2 º C y 3º C. Si además el día está completamente despejado, el riesgo sería comparable al producido por un aumento de la temperatura de unos 7º C, mientras que si está parcialmente cubierto, sería como el producido por un incremento de 3º C.
El periodo mas caluroso del día, al sol, en días despejados, es el comprendido entre las 2 de la tarde (las 12 de la mañana en hora solar) y las 5 y media de la tarde (las 3 y media de la tarde en hora solar). Durante las horas más calurosas del día evitar la realización de tareas pesadas, los trabajos especialmente peligrosos y el trabajo en solitario.

OHS: prevenir lo es todo
Para mejorar la concienciación y promover la adopción de hábitos saludables, el Observatorio va a poner en marcha campañas informativas que ayuden a prevenir las consecuencias de la deshidratación en una situación de riesgo como es el verano.
Según Aquilino García, Tesorero del Consejo General del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) y miembro del Consejo Científico Asesor del OHS, “es importante seguir los consejos que desde el Observatorio damos a la población pues ayudarán a evitar situaciones de deshidratación, sobre todo entre los colectivos más vulnerables. Para que nuestros mensajes lleguen de manera más clara a la población pondremos en marcha una campaña de verano para concienciar a todos de las medidas que pueden adoptarse, sobre todo de cara al calor”
• Beber de 2 a 3 litros de líquido al día de manera continua y en pequeñas cantidades.
• Llevar siempre a mano una botella de alguna bebida que nos recuerde la necesidad de beber.
• No confiar únicamente en la sensación de sed ya que suele aparecer cuando existe cierta deshidratación.
• Beber variedad de bebidas: agua, infusiones, refrescos, zumos, lácteos, etc. El sabor de las bebidas ayuda a beber lo necesario.
• Ingerir alimentos ricos en agua (frutas, verduras y hortalizas).
• Evitar el consumo de bebidas alcohólicas, pues tienen efecto diurético.
• En épocas de calor intenso: aumentar el consumo de líquidos y mantenerse en un ambiente fresco y ventilado.
• Vigilar la adecuada ingesta de líquido de los más vulnerables a la deshidratación (ancianos, deportistas, trabajadores al aire libre, etc.).

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